Alfabetización, mucho que pensar

Martes 31 de agosto de 2021.

Caminaba por una calle de Tacuarembó (Uruguay) rumbo a una escuela en la que daría una charla. Al pasar por una parada de ómnibus, un señor salió a mi paso.

—¿Me podría decir hacia dónde va ese ómnibus? —me preguntó.

—Va a la Matutina —le dije, luego de leer su cartel luminoso.

—Muchas gracias. Es que no sé leer —me respondió el señor.

En Uruguay la tasa de analfabetismo, afortunadamente, ha ido descendiendo.

En 2006, el 2,2% de la población mayor a 15 años no sabía leer ni escribir.

En 2019, el porcentaje descendió al 1,2.

Es decir, en Uruguay hay algo más de 40.000 personas que no saben leer ni escribir.

Según el Banco Mundial, países como Armenia, Barbados, Cuba, Eslovenia, Rusia, Letonia, Lituania, República Checa, San Marino, Ucrania y varios de los que me gusta llamar “Los Tan” (Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán, Azerbaiyán) tienen un 100% de tasa de alfabetización de personas mayores de 15 años. Mientras países como Afganistán (43%), Burkina Faso (41%), Guinea (32%), Liberia (48%), Malí (35%) o Sudán del Sur (35%) cuentan con una tasa de alfabetización menor al 50%.

Respecto a América Latina, por citar solo algunos países, Argentina tiene una tasa de alfabetización del 99%, Brasil del 93%, Bolivia del 92%, Chile del 96%, Paraguay del 94% y Colombia del 95% (Banco Mundial).

Por supuesto que es muy positivo que la tasa de analfabetismo tenga una tendencia a la baja, como sucede en Uruguay, pero la verdad es que, considerando que la alfabetización es un derecho humano, no deberían existir personas que no sepan leer ni escribir ni en Uruguay ni en el mundo.

Está, también, la realidad del analfabetismo funcional. Esto es, personas que saben leer y escribir, pero no utilizan eficientemente los recursos de la escritura, la lectura o el cálculo en situaciones cotidianas. Estas personas deberían entrar en el rango de preocupación de quienes crean los planes educativos (o de quienes quieren modificarlos drásticamente, como sucede en este momento en Uruguay).

Es decir, el problema es más amplio y no se trata solo de preocuparse y ocuparse de la gente que no sepa leer y escribir, que por supuesto debe ser prioridad, sino que, además, es necesario poner la mira en reducir también el analfabetismo funcional que tanto limita a las personas.

El concepto de analfabetismo ha ido cambiando con el tiempo y, como consecuencia de ello, también se han ido modificando las metodologías para estudiar el fenómeno.

Y, pensando en esto, vienen a mi mente las ideas de Paulo Freire:

No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza. Esos quehaceres se encuentran cada uno en el cuerpo del otro. Mientras enseño continúo buscando, indagando. Enseño porque busco, porque indagué, porque indago y me indago. Investigo para comprobar, comprobando intervengo, interviniendo educo y me educo. Investigando para conocer lo que aún no conozco y comunicar o anunciar la novedad.

Pedagogía de la autonomía

Hoy, 8 de septiembre, es el Día Internacional de la Alfabetización y creo que tenemos mucho que pensar.


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