La inclusión es un aspecto central de la educación actual de nuestros niños. De algún modo la escuela, como institución esencial en la infancia, debe dar respuesta a la diversidad de situaciones que ellos viven. Pero incluir no es ofrecer a unos pocos la posibilidad de ser exclusivos, sino, por el contrario, es encontrar la forma de que todos los niños puedan desarrollarse en convivencia y en armonía, más allá de sus características individuales y, al mismo tiempo, considerándolas.
El aula se presenta como un espacio por demás desafiante para los educadores y, muchas veces, también para los padres, que deben acompañar el desarrollo de sus hijos desde lo familiar. Y en ese entorno que tantas veces nos pone a prueba y nos cuestiona como adultos, la literatura es un recurso muy valioso para fomentar la inclusión y la participación de todos los niños.
Considerar la selección de libros como punto de partida
Los libros permiten a los niños conocer diferentes culturas, así como conectar con diversas experiencias y perspectivas. Al seleccionar obras que representen distintas voces, los ayudamos a comprender y apreciar la riqueza de esa diversidad.
Algunos aspectos que pueden considerar a la hora de seleccionar las lecturas:
- Narrativas de diferentes culturas: permiten a los niños explorar y aprender sobre vidas y tradiciones diferentes a las suyas.
- Personajes diversos: los niños pueden conocer diferentes realidades y comprender, así, mejor a sus pares.
- Temáticas: abordar los temas presentes entre los niños suele ser un acierto y crea un espacio de diálogo que permite que los niños compartan sus experiencias y, al mismo tiempo, comprendan las de sus compañeros.
Considerar el diálogo como foco esencial
En referencia al diálogo, justamente, es importante considerar que la lectura no es solo el consumo de un contenido en un tiempo dado. Mucho más que eso, es una gran oportunidad para fomentar el intercambio.
A veces los educadores temen a lo que pueda generarse una vez abierta la puerta de un espacio así, pero los animo a no tener dudas. En lo personal, no tengo ni una sola experiencia que me haya dejado sin recursos cuando he decidido generar estos intercambios con los niños. Por el contrario, tengo muy guardados en la memoria y en el corazón intercambios valiosos, positivos y profundos que he vivido con ellos.
Comparto algunas formas que me han servido para habilitar el diálogo:
- Hacer preguntas abiertas al final de la lectura que inviten a la reflexión.
- Generar debates o dinámicas grupales que permitan analizar y exponer los puntos de vista. Esto no solo permite la reflexión, sino desarrollar habilidades de comunicación.
- Plantear proyectos creativos a partir del tema del libro o de algún personaje de la historia, lo que suele ayudar a conectar con el contenido del libro de manera más profunda y permite conectar con la autopercepción.
Apostar al futuro
Debemos tener siempre presente que para generar un entorno inclusivo es fundamental que creemos un espacio seguro, acogedor y respetuoso. Fomentar el espíritu empático es un paso muy necesario y asegurarse de que todos los niños se sientan incluidos en las actividades que planteamos es fundamental.
La lectura puede convertirse en un recurso realmente transformador en el aula, si somos capaces de seleccionar adecuadamente los libros, si abordamos los temas con conciencia y respeto, si fomentamos el diálogo desde un lugar de comprensión y enriquecimiento, y si tenemos presente que lo que estamos haciendo es apostar a una forma de mirar que va a preparar a los niños para un futuro más empático y consciente, porque la literatura no solo es una vía para disfrutar y aprender, sino que es también un camino de unión y de sentido.
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